


Fué una mañana de otoño, en Praga: los arboles regalaban humildes hojas al suelo, que las nutria de esperanza...de que alguna vez volverían a estar colgadas de ese robusto arce. Yo salía en una aventura mañanera, por las praderas silvando canciones de Amadeus Mozart. Cuando salí de la cabaña sólo me proveí de algunas nueces que las ardillas me convidaban al levantar el día. Mi viaje sería corto, de una hora dos máximo.
No me esperaba ese esplendor aún en mi temprana vida, fué un momento asombrante. Mis ojos quedaron iluminados al ver su perfecta figura, mi nariz aulló de placer al oler su perfume, mis manos pedían a gritos un contacto con esa piel tan humectada. Su nombre me sonó algo, pero fué aún mas excéntrico su presentación.
-Vengo a salvarle la vida, a mostrarle el camino, a conquistar el paraíso
-Explicate-demandé yo
-Soy su vángelis
-¿cómo?- pregunté yo
-Soy su Dios
-oh lord Vangelis, debo seguir tus pasos?
-Misericordia te tendré, si caminas por mi sendero.
- Oh lord vangelis...
ALABADO SEAS



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